Nosotros
El huésped de la valija de cuero
Un relato de La Falda. Algunas cosas pasaron; otras, cuentan que pasaron.
Cuentan en La Falda que, a fines de los años setenta, un hombre bajó del tren con una valija de cuero y un plano enrollado bajo el brazo. Se llamaba Aurelio, o eso dijo en la confitería de la avenida, y venía de parte del sindicato del seguro. Buscaba un lugar en las sierras donde los trabajadores pudieran tomarse vacaciones.
Esa misma tarde caminó la avenida Edén hasta el final, hasta el viejo hotel que mira el valle desde 1897. Por esas galerías habían pasado Einstein, el príncipe de Gales y Rubén Darío, pero el Edén estaba cerrado desde 1965. Aurelio se quedó un rato frente a las ventanas vacías y dicen que pensó en voz alta: «Lo que hace falta acá es un hotel donde entre todo el mundo».
Encontró el terreno en la calle Güemes, a una cuadra de la avenida y a pasos de la estación. Los vecinos vieron crecer las paredes durante meses, y el día que terminaron la obra hubo un asado que duró hasta la madrugada. Los primeros huéspedes llegaron en tren: familias que por primera vez veían esconderse el sol detrás de las sierras.

Doña Elvira, la primera cocinera, puso una regla que nadie se animó a romper: nadie se levanta de la mesa con hambre. Su libreta de recetas, dicen, todavía anda por la cocina, aunque nadie sabe en qué cajón.
Pasaron los años y los micros reemplazaron al tren. Las familias volvieron con los hijos, después con los nietos. Hubo noches de tango en el comedor, inviernos en que la nieve tapó el cartel de la entrada y veranos enteros alrededor de la pileta.
De Aurelio no se supo mucho más. Algunos dicen que volvió a Buenos Aires; otros, que se quedó en una casita al pie del cerro La Banderita. Lo que queda es lo que vino a buscar: un hotel en La Falda donde entra todo el mundo.
Este relato mezcla personajes imaginarios con hechos reales. Son reales los datos del Hotel Edén y que nuestro edificio fue construido por el sindicato del seguro entre los años 70 y 80.
Hoy
Hoy el hotel lo atiende su dueño junto a su equipo. Recibimos parejas, familias, amigos y grupos que llegan en micro, y seguimos con la misma idea: comida casera, trato cercano y un lugar tranquilo a pasos del centro.











